Y sí (como dirían en Paraguay), pasó. El agotamiento lleva a la fiebre, las náuseas, más fiebre, sudar... pero he disfrutado de momentos increíbles durante los 7 primeros días de enero.
Un casi-daikiri, una cenita japonesa con cerveza holandesa y ojos cerrándose, creer que descansas, ver a una personita cantar en medio de una obra de teatro cuando la fiebre no te deja ni pensar, ver la cabalgata por la tele mientras vas temblando poquito a poco, desenvolver esos regalos con la misma ilusión que hace veinte años, desenvolver regalos al día siguiente con el sentir de que hay cosas que empiezan pero no acaban...
I sí, estamos condenados a seguir hacia adelante, a hacernos mayores, a llorar, a crecer, a trabajar, a jugar, a recortar, a reír hasta llorar, a llorar hasta reír, a vivir situaciones límite, a gritar a los cuatro vientos que este precioso proyecto merece la pena. Y des de el sábado merece mucho más la pena, os lo aseguro por que ahora hay siete compañeros más a quien dar la mano...